Cuando la ópera se sirve a la mesa: las Cenas Cantadas en El Café de la Ópera

Una noche donde todo comienza con un acorde

Hay lugares en Madrid que parecen hechos para detener el tiempo, y uno de ellos está justo frente al majestuoso Teatro Real: El Café de la Ópera. Cada viernes y sábado, a las 20:30 h, sus puertas se abren a una experiencia que va mucho más allá de una simple cena.
Se llama Una Cena Cantada, y desde el primer momento supe que no se trataba solo de música ni de gastronomía, sino de algo que roza lo mágico.

La luz se atenúa, el murmullo se apaga y el primer acorde de piano llena la sala. A unos pasos de mi mesa, una soprano se levanta y comienza a cantar. Su voz —poderosa, envolvente, llena de emoción— recorre el espacio y convierte el comedor en un pequeño teatro. Así, entre copas y miradas cómplices, empieza un viaje que transita por arias de Bizet, Verdi o Puccini, por zarzuelas de Sorozábal y, de vez en cuando, por algún bolero que despierta suspiros.

 

El menú “Los diamantes de la Corona”

Cada nota tiene su plato, y cada plato, su propio compás. El menú que acompaña la velada se llama “Los diamantes de la Corona”, una declaración de intenciones que combina tradición, delicadeza y un punto de sorpresa.

Comenzamos con unas croquetitas de jamón ibérico sobre hoja de plátano y mermelada de piquillos, un bocado clásico y melódico, que abre el apetito con la calidez de lo familiar. A continuación, una crema de maíz con velo crujiente de papada: cremosa, suave y con esa textura que se funde en boca mientras la mezzosoprano desgrana una historia entre canción y canción.

El salmón fresco a la plancha sobre tallarines de calabacín y salsa de pesto verde a la menta llega acompañado de Puccini. “La donna è mobile” suena de fondo y, sin querer, uno sonríe. La menta refresca, el pesto aporta intensidad y el equilibrio es perfecto: una sinfonía de sabores bien dirigida.

El segundo acto gastronómico lo protagoniza un lingote de cordero confitado con demiglace al caramelo de moscatel y milhojas de patata a las hierbas provenzales. Profundo, elegante, reconfortante. Un plato con alma, de esos que parecen escritos en partitura mayor.

Entre arias, copas y confidencias

Entre plato y plato, los artistas —tenores, sopranos y mezzosopranos— comparten anécdotas y curiosidades sobre las obras que interpretan. Hablan de Verdi, de Bizet, de las zarzuelas que marcaron generaciones. No hay distancia entre escenario y público, porque aquí el arte sucede a escasos metros, y la emoción se comparte de mesa en mesa.

Es imposible no dejarse llevar. Algunos comensales tararean bajito, otros se miran conmovidos. Todos sonríen. La atmósfera es íntima, elegante y cercana a la vez; una mezcla perfecta de cultura y placer gastronómico.

El final más dulce… y el brindis más emocionante

Y como todo buen espectáculo, la noche se cierra con un broche brillante: una tarta cremosa de queso gallego con teja de chocolate negro y helado de violeta madrileña. Un postre que resume la esencia del Café de la Ópera: tradición, sutileza y un guiño castizo a Madrid.

Pero aún queda el instante más especial. De repente, las luces se suavizan, las copas tintinean y los cantantes se acercan a las mesas con una copa de cava en la mano. Comienza a sonar el brindis de La Traviata, y en un momento que parece de película, todos —tenores, sopranos y comensales— alzamos nuestras copas al unísono.
El restaurante entero vibra con ese “Libiamo, libiamo…” que llena el aire de alegría y emoción compartida. Es imposible no brindar, no cantar, no sonreír.

Un cierre perfecto para una noche que une lo mejor de la música, la gastronomía y la vida.

Un clásico con alma madrileña

Con casi tres décadas de historia, El Café de la Ópera se ha consolidado como uno de los rincones más especiales de la capital. Frente al Teatro Real, este espacio combina gastronomía de autor y espectáculo lírico en vivo, ofreciendo un plan que conquista tanto a los amantes de la ópera como a quienes buscan una cena diferente y memorable.

Salir de allí, con las notas del brindis aún resonando en la cabeza, es como despedirse de un sueño del que no quieres despertar.
Porque en el Café de la Ópera, cada viernes y sábado, la vida suena a música, sabe a arte y termina con un brindis inolvidable.

El Café de la Ópera

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