Hay restaurantes a los que reservas con semanas de antelación porque todo el mundo habla de ellos. Y luego están esos bares a los que llegas casi por casualidad, pensando en tomar unas bravas, una cerveza bien tirada y poco más. Sitios sin grandes pretensiones, de esos que invitan a quedarse un rato… hasta que abres la carta y te das cuenta de que allí está pasando algo más. Eso fue exactamente lo que nos ocurrió en Bar Albariño.
Abierto en 2023 de la mano de Álvaro Alcobendas y Patxi García, y situado a apenas cinco minutos del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, este restaurante recupera la esencia del bar de siempre: un lugar donde se viene a compartir, a picar algo, a disfrutar sin prisas y a dejar que la conversación alargue la sobremesa. Pero detrás de esa apariencia de bar de barrio se esconde una cocina mucho más elaborada de lo que uno imagina al cruzar la puerta.
La carta no es interminable, y eso siempre nos parece una buena señal. Combina clásicos para compartir con propuestas más creativas y una selección de sugerencias de temporada que cambia según la época del año. Durante nuestra visita encontramos una carta de verano con propuestas frescas como ceviches, salpicón de pulpo, boquerones crujientes con salsa brava o tortitas de camarón, perfectas para los días de calor.
En Bar Albariño todo empezó con sus bravas…
Hay platos que sirven para medir un restaurante. Las bravas son uno de ellos. Pocas recetas tan sencillas dicen tanto de una cocina, y en Bar Albariño entendimos desde el primer bocado por qué las patatas bravas de la casa se han convertido en uno de sus grandes sellos de identidad. Crujientes por fuera, acompañadas de un alioli espectacular y de una salsa brava con carácter, de las que realmente pican y dejan ese sabor que invita a seguir mojando. Son de esas bravas que justifican por sí solas una visita.
Porque eso es precisamente lo que ocurre aquí. Empiezas compartiendo unas bravas y una cerveza, echas un vistazo a la carta casi por curiosidad y, cuando quieres darte cuenta, ya estás preguntando qué más merece la pena probar. Y nosotros hicimos exactamente eso.
Bar Albariño. Una carta para compartir.
Las bravas habían puesto el listón muy alto. El siguiente en llegar fue uno de esos platos que desaparecen del centro de la mesa casi sin darte cuenta: unos langostinos en tempura, ligeros, crujientes y acompañados de una mayonesa especial que invita a repetir. De esos que coges pensando «solo uno más»… hasta que el plato se queda vacío.
Después llegaron las vieiras con ajo y mantequilla de kimchi. Un bocado delicado, lleno de sabor, donde la suavidad de la vieira se combina con el toque untuoso de la mantequilla y ese punto ligeramente picante que aporta el kimchi. Uno de esos platos que demuestran que en Bar Albariño no solo dominan los clásicos, sino que también saben salir de ellos cuando toca.
Las mini hamburguesas de gamba rebozada continuaron confirmando que la cocina juega constantemente con sabores y texturas. Divertidas, crujientes y muy fáciles de comer, son de esos platos que desaparecen de la mesa antes incluso de que dé tiempo a hacer la típica foto.
Después llegaron los taquitos asiáticos de pollo, otro guiño a esa cocina que no tiene miedo de mezclar influencias cuando el resultado merece la pena. Un bocado lleno de sabor que mantenía intacta la sensación de que cada plato aportaba algo diferente al anterior.
Pero la verdadera sorpresa todavía estaba por llegar. El tartar de fuet con solomillo y aguacate fue, probablemente, el plato que más conversación generó durante la comida. Solo con leer el nombre ya despierta curiosidad. Sin duda, uno de los platos en uno de los más originales de la carta.
Y, como todo buen homenaje gastronómico, todavía quedaba el broche final. Nosotros terminamos con una fruta asada de temporada que, en esta ocasión, era un melocotón acompañado de una delicada crema de queso. Un postre fresco y ligero que puso el punto final a una comida en la que cada plato había ido superando al anterior.
Al salir entendimos el verdadero sentido del título de este artículo. Habíamos entrado pensando en tomar un aperitivo y acabamos descubriendo una cocina con personalidad, capaz de sorprender desde unas bravas hasta un tartar de fuet o un postre aparentemente sencillo. Y esa es, probablemente, la mejor definición de Bar Albariño: un lugar en el que entras para tomar el aperitivo…y acabas descubriendo una cocina que no esperabas.
Bar Albariño
Dirección: Avenida de Logroño 126, Barajas
28042 Madrid
Teléfono de reservas: 917 38 39 62
ticket medio: 20 €
Menú del día: 17 €







