Hay vinos que llegan para acompañar una comida… y otros que parecen creados para formar parte de la Navidad. En estas fechas donde el hogar se llena de aromas cálidos, luces suaves y mesas generosas, Martínez Corta Reserva, de Bodegas Martínez Corta, perteneciente al Grupo Bornos Vinos & Licores, se convierte en la botella perfecta para celebrar lo que realmente importa: el tiempo compartido.
Un apellido que guarda un legado
En el corazón de Rioja Alta, la familia Martínez Corta cultiva desde hace cuatro generaciones un oficio que huele a tradición y sabe a memoria. Su historia arranca en una carnicería del siglo XIX y se entrelaza con una anécdota infantil que dio nombre a la saga: unos niños traviesos, unos patos asustados y una exclamación que marcó para siempre el apodo familiar, “¡los Corta!”.
Hoy ese nombre brilla en una botella que parece hecha para las sobremesas largas de diciembre, esas en las que el mantel ya acumula migas de turrón y la conversación fluye despacio.
Un Rioja que combina clasicismo y espíritu festivo
El Martínez Corta Reserva, con sus dieciséis meses de crianza en roble francés, es un vino que habla con la profundidad del invierno. Su color rojo picota recuerda a esos tonos intensos que visten las mesas navideñas, y su aroma despliega capas de fruta negra madura, vainilla, café, especias y un fresco toque mentolado que evoca paseos fríos al caer la tarde.
En boca es amplio, sabroso y equilibrado; un vino potente que calienta sin prisa, como el abrazo de un familiar que vuelve a casa por Navidad.
La tierra donde nace: un regalo de la naturaleza
Entre los ríos Ebro y Najerilla, en un enclave donde la luz del sur acaricia cada hilera de viñas, se extienden las ochenta hectáreas que dan vida a este vino. Suelos arcillo-calcáreos, viñedos centenarios combinados con cepas jóvenes y una climatología marcada por la amplitud térmica crean el escenario perfecto para uvas de calidad excepcional.
Es la mezcla de tradición y modernidad lo que convierte a Martínez Corta Reserva en un vino con alma: un Rioja clásico que mira al futuro sin renunciar a sus raíces.
Un invitado imprescindible para estas fiestas
Este reserva riojano es uno de esos vinos que pide una mesa llena: carnes asadas, guisos que se cocinan a fuego lento mientras fuera el frío aprieta, quesos curados o incluso un buen jamón para el aperitivo de Nochebuena.
En cada sorbo se percibe su espíritu familiar, su paciencia y ese carácter que, sin pretenderlo, encaja a la perfección con la esencia de la Navidad.
Un vino para regalar, para compartir y, sobre todo, para brindar. Porque en estas fechas, pocas cosas hay tan especiales como una buena copa que sabe a hogar.

