Enclavado en el corazón de los valles Pasiegos, dentro del exquisito Helguera Palacio Boutique & Antique, el restaurante Trastámara no es solo un lugar para comer: es una inmersión sensorial, estética y cultural. Un concepto único en España —y posiblemente en Europa— donde la alta gastronomía se saborea entre antigüedades, historia y paisajes naturales que cortan la respiración.

Restaurante Trastámara. Un comedor como ningún otro

Trastámara no se parece a ningún otro restaurante que haya visitado anteriormente. Su comedor parece salido de un museo o de una película de época: vajillas históricas, candelabros chinos, cristalería francesa del siglo XVIII… Cada pieza ha sido seleccionada con mimo por la propietaria del Palacio, la reconocida interiorista Malales Martínez Canut, quien ha convertido este espacio en un auténtico museo habitable. Y, además, todo lo que ves —desde los platos hasta los muebles— está a la venta. Este ambiente, sofisticado y envolvente, crea una experiencia donde la estética y el paladar van de la mano.
Trastámara. Una carta que canta a Cantabria… con acento latinoamericano
A los fogones, el chef Renzo Orbegoso Hinojosa firma una propuesta sorprendente: una carta profundamente enraizada en el producto cántabro, pero con influencias peruanas y latinoamericanas que aportan exotismo y técnica. Trastámara no teme a la fusión, pero tampoco olvida la raíz.
Para abrir boca
El menú comienza con una sección de “delicias para compartir” que ya dejan claro el tono de la experiencia: alta calidad, producto impecable y ejecuciones brillantes. Destacan el caviar Oscietra, el jamón ibérico 100 % bellota exclusivo del Palacio o el steak tartar con mostaza de estragón, sutil y elegante.
Nosotros nos decantamos por las anchoas de Santoña con vinagreta de tomate. Aquí, las anchoas se equilibran con una vinagreta ligera de tomate maduro que aporta frescor y umami. Un bocado que eleva lo tradicional a otra dimensión.
Entrantes con carácter
En los entrantes, Orbegoso introduce con naturalidad su herencia criolla en platos como La Causa Peruana rellena de langostino. Otro imprescindible de la casa: los Raviolis de centollo con salsa huancaína. Una interpretación magistral de la fusión atlántico-andina.
Para los que buscan estética en el plato, el Mosaico de langostino y gambón con gel de lima y encurtidos es un espectáculo visual. La disposición precisa del marisco, los brillos del gel cítrico y el contrapunto crujiente de los encurtidos hacen de este plato una experiencia redonda.
Mar y montaña en equilibrio
En los principales, la carta se divide elegantemente en dos mundos: “Del Cantábrico” y “De nuestros valles”, reflejando el alma dual de Cantabria: costa y montaña.
Entre los pescados, el Rape negro del Cantábrico con fideuá de langostino seduce por su textura firme y su sabor oceánico, mientras que el Bacalao con callos, intenso y sorprendente, rompe con todos los esquemas. El bacalao, suave y en su punto, se acompaña de unos callos melosos y sabrosos, que aportan un juego de texturas inesperado.
En la sección carnívora, platos como las Carrilleras de cerdo ibérico con parmentier de patata o el lingote de jabalí glaseado en su jugo. Y no pierdas de vista el Laminado de V.M. con patatas y bouquet de ensalada. Láminas de una carne roja jugosa acompañada de patatas y una ensalada fresca que equilibra el conjunto.
El dulce final
La repostería en Trastámara no baja el listón. La Tarta de Arroz con leche Trastámara es un guiño local perfectamente ejecutado. El Tiramisú pasiego resulta inolvidable.
Pero hay dos postres que enamoran. Por un lado, Oro para Chocolate, una sinfonía de distintas texturas y tipos de chocolate que no satura, sino que invita a seguir descubriendo. Y, como broche final, el Tatín de manzana con helado de mantecado. El mejor que hemos probado. Sin discusión.
Un destino gastronómico… dentro de un destino
Trastámara no es solo un restaurante: es el corazón palpitante de un refugio que combina lujo, historia y paisaje. El Palacio Helguera, un edificio del siglo XVII restaurado con pasión por Malales Martínez Canut, es mucho más que un hotel: es una experiencia vital. Sus once habitaciones son auténticas cápsulas del tiempo decoradas con piezas únicas que se pueden adquirir, su piscina infinita con vistas a los valles pasiegos es una obra de arte en sí misma, y sus jardines, spa y entorno natural convierten cualquier estancia en una pausa reparadora.
La obtención de su primera Llave Michelin, el nuevo galardón de excelencia hotelera, consolida lo que todo comensal descubre al cruzar sus puertas: que en Trastámara, el arte y la cocina dialogan en perfecto equilibrio.














